La iconografía nos mostraría a Nerón que tañe la Lira complacido mientras a sus pies arde Roma. Siendo dudosa la exactitud histórica, no puede uno evitar pensar en Torra y en otros politicos del PdCat que no tienen reparo en mostrar su entusiasmo con las manifestaciones pacíficas en Cataluña pero omiten incomprensiblemente la violencia de los grupos dentro del propio movimiento independentista.
Los nacionalismos siempre tienen la mentira como motor para agitar los instintos más básicos. El propio nacionalismo español, hay que recordarlo, se forjó por primera vez históricamente con el rechazo a las tropas napoleónicas y en particular denigrando a un gobernante impuesto Pepe Botella que en realidad ni era torpe ni borracho sino un capaz gobernante como los historiadores se han encargado de recordar. Hoy el independentismo catalán construye por oposición, radicaliza rasgos identitarios. Se escucha hasta la saciedad "los catalanes somos pacíficos", como si hubiera un gen del pacifismo, como si la frontera con Aragón fuese factor determinante para lo bueno o para lo malo. Todo maniqueismo intencionado para alentar a las emociones primarias.
Pero los independentistas catalanes tienen un problema más esencial. Los paises que han alcanzado su independencia lo han hecho por una combinación de apoyo mayoritario, líderes carismáticos y unos cuantos héroes que echarse al zurrón. Normalmente un poco de apoyo internacional institucional tampoco es desdeñable. A la Cataluña independentista le faltan hoy los dos primeros elementos. En cuanto al tercero el único legitimado hoy "a la fuerza" es Junqueras que asume su prisión con cierta dignidad. Pero Puigdemont se fugó en el maletero de un coche: muy poco "heroico". Cuando tocaría a los líderes asumir su parte del martirio lo que ocurre es que miran hacia atrás o hacia los lados a ver si algún otro toma la responsabilidad. Finalmente el apoyo internacional institucional es directamente inexistente.
Todos entendemos ya la actual estrategia independentista de mejorar su mayoría buscando todos los impactos posibles: cuanta más envergadura y repercusión mediática tengan mejor. También parecería inteligente en el sentido maquiavélico dentro de esa estrategia llevar las situaciones a su límite esperando que el contrario cometa un grave error, por ejemplo un manifestante fallecido mejor si es un joven o un niñó para darle forma de mártir necesario. El que pudiera estar en la mente de algún líder político simplemente hiela la sangre. Pero todo ello exige de la policia un dificil equilibrio entre el cumplimiento de la ley y la proporcionalidad.
Más bien parece que la debilidad de los líderes ha provocado que todo el control del "procés" se les esté yendo de las manos. y esté haciendo que los grupos y grupúsculos descoordinados entre si y con diferentes objetivos sean hoy los dueños de la calle. Esta falta de control y liderazgo, con todas las extremas dificultades que suponen para la convivencia en Cataluña a largo plazo, no tienen hoy por hoy, en mi opinión, ninguna posibilidad de éxito de los independentistas. Todo ello salvo que acontecimientos muy graves sucedan que inclinen la mayoría a su favor.
Pero en un Estado democrático donde es indiscutible la legitimidad del poder judicial, se diga lo que se diga, no parece nada probable que haya más gasolina para alimentar las barricadas. Más bien llevará mucho tiempo y sufrimiento sanar las heridas que la irresponsabilidad de algunos políticos mediocres ha contribuido a desencadenar. Algunos deberían también reflexionar sobre que significa la democracia que tanto se reclama por el independentismo.
La democracia con toda su inevitable vulnerabilidad no significa intentar a toda costa quebrar la opinion del otro para que asuma la nuestra sino más bien aceptar que la opinión contraria del otro legitima y contribuye a la moderación de la nuestra, nos hace mejores y finalmente más libres. Quizá objetivos más sugerentes que la manifestación y las barricadas.
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