Sunday, April 19, 2015

Curiosidades y ocurrencias sobre Luis Buñuel



Sin duda el Director de Cine más reconocido de la historia del cine Español. Su producción bastante abundante incluye películas como "Le chien andalou" o "La Edad de Oro" cumbres del surrealismo o las más populares: "Tristana", "Viridiana", "Ese oscuro objeto del deseo" "Belle de jour" "El discreto encanto de la burguesía", historias ellas todas fuera de cualquier convencionalidad.

Para conocer el personaje su autobiografía "Mi último suspiro" refleja a través de Jean-Claude Carrière, pues Buñuel afirma que no era hombre de letras. Hombre de interior nacido en Calanda (Teruel) es en muchos sentidos hombre de su época y quizá un pesimista irremediable. Una de las cosas que llaman la atención en su autobiografía (a diferencia de la mayoría) la ausencia casi total de autocomplacencia.

Se decía que la última ocurrencia o broma de Buñuel fue la ocurrencia de hacer testamento de sus exiguas pertenencias a favor de Nelson Rockefeller, posiblemente el hombre más rico de su época. Hubiera sido interesante ver la cara del millonario al recibir el acta notarial correspondiente. Un resultado en todo caso del modo de pensar de Buñuel que - como el marqués de Sade al que admiraba- decía no tener ningún interés en que su obra perviviera y quisiera gustoso que a su muerte tanto él como su obra se quemara y desapareciera.

Buñuel tenía un miedo irreprimible al avión. Cuando un piloto pasaba por su lado con semblante serio tendía a pensar que se estrellarían. Si el semblante en cambio era sonriente tendería a pensar que sonreia para tranquilizar al pasaje porque "la cosa debía estar muy mal".

El cineasta sublimaba el alcohol y el tabaco y tenía esa difícil relación con el sexo que provenía de esa sociedad recatada tan mediatizada por el pecado instruido y divulgado en las instituciones. Sin embargo sus viajes a Francia le permitieron conocer esa otra realidad donde "sorprendentemente" una pareja se podía besar por la calle. Cuando vio una película pornográfica planificó con un amigo introducirse en un cine para niños, amordazar al operador y proyectar esa película con fin perverso como una de "las formas de subversión más atractivas". Por supuesto no realizado: un ejemplo de una sociedad que creaba perversiones en la imaginación pero no las realizaba, aunque Buñuel y los espectadores nos vimos recompensados porque pudiera representar todas esas frustraciones en el celuloide.

Su entrada en los círculos surrealistas de París marcó su vida y su trabajo, realmente indisociables en un momento en que los artistas situaban por encima de cualquier consideración su arte y un enfoque político manifiestamente anti-burgués con todas las contradicciones y reconsideraciones ideológicas permanentes que ello suponía.

En su relación que Buñuel definió como siempre difícil con las mujeres hay episodios como aquel en que acompañó a un amigo Director de Orquesta que iba a dirigir en Montecarlo la primera representación de los ballets rusos. La visita prometía oportunidades de intimar con alguna de las bailarinas presuntamente jóvenes e inocentes (y que por otra parte recibían un sueldo mísero). A solas con una bailarina rusa y sin saber porqué Buñuel no pudo evitar enfrascarse en una discusión sobre Rusia, la política y la revolución. La bailarina que era abiertamente anti-soviética no tardo en ser tildada de "reaccionaria y asquerosa", fin de la velada.

Aunque Buñuel decía no ser un hombre de acción y por ello incapaz de participar en revueltas o manifestaciones como era habitual entre los miembros del movimiento surrealista, hay algunas excepciones si bien más espontáneas. En una ocasión en una cena de Navidad en Estados Unidos con diferentes amigos españoles y extranjeros y ofendido por la lectura de una poesía ensalzando los antiguos soldados de Flándes,  convenció a dos amigos para levantarse y destrozar el árbol de Navidad ante el asombro de los asistentes "no soporto las manifestaciones patrióticas" afirmó.

Sobre Chaplin al que conoció en Estados Unidos comentaba que "un hombre que no estaba muy seguro de si mismo". Según Buñuel, como componía la música de sus películas durmiendo, se hizo instalar al lado de la cama un aparato registrador complicadisimo. Se despertaba a medias, tarareaba unas notas y volvía a dormirse.

Volviendo a Europa en barco y en una fiesta con ocasión del cumpleaños del capitán, una orquesta interpretó el himno norteamericano. Todo el mundo se levantó salvo Buñuel. Cuando sonó después la Marsellesa ostensiblemente puso los pies encima de la mesa. Un joven se le acercó y le dijo que su actitud era abominable. Buñuel contestó "nada me parece tan abominable como los himnos nacionales". Sus amigos surrealistas en París posteriormente escucharon la anécdota complacidos.

Un trabajo que le supuso no poca polémica fue el documental sobre la región extremeña de Las Hurdes. En uno de esos alardes de casualidad que jalonaron su vida un amigo anarquista después de conocer su proyecto para hacer el documental le dijo "Mira si me toca el gordo de la lotería, te pago esa película". A los dos meses le toco la lotería (aunque no el Gordo) y cumplió su palabra, lo que permitió a Buñuel realizar su proyecto. A Buñuel le fascinó la deprimida comarca "tierra sin pan" por el desamparo pero también por la inteligencia de los habitantes y su apego a su país. Comentaba en ese 1936 (justo antes de la guerra civil española) que por lo menos en una veintena de pueblos se desconocía el pan tierno y de vez en cuando alguien hacía llegar de Andalucia un mendrugo de pan que se utilizaba como moneda de cambio.

Su relación con Garcia Lorca empezó de un modo algo especial. A raiz de su película "Un chien andalou" Lorca creyó o fingió creer que la película era sobre él y comentó: "Buñuel ha hecho una peliculita que se llama Un chien andalou y el perro (chien) soy yo". Afortunadamente se reconciliaron y trabaron una gran amistad. Buñuel además de descartar totalmente su homosexualidad hablaba de él como persona como "una obra maestra" "tenía pasión, alegría, juventud era como una llama".

A raiz de la Guerra Civil como tantos otros se exilió en Francia y se convirtió en agente de octavillas, algunas de las cuales con la complicidad de algunos marineros llegaron a viajar a España a bordo de ¡un barco alemán!.

Tuvo una amistad con Dali con luces y sombras que le permitió conocer bien al genial pintor. De él comentaba que no tenía ningún sentido del dinero. En una ocasión estaban en Madrid con Lorca y Federico le pide que cruce la calle de Alcalá para sacar unas entradas. Dali permanece ausente media hora y vuelve sin entradas diciendo: "No entiendo nada. No sé cómo hay que hacerlo".

En otra ocasión en que América entera estaba traumatizada por el secuestro del hijo de Lindbergh hizo vestir a Gala con ropas infantiles teñidas de sangre. El comentario que hacía al presentarla: "Va vestida de hijo de Lindbergh asesinado". Lógicamente el comentario fue muy mal recibido.

Otra anécdota real según Buñuel que relata es la de aquel oficial Mexicano que tenía la ocurrencia de decir a su mujer que se iba de maniobras y a la noche volvía y disimulando su voz decía a su mujer a través de la puerta: "tu marido se ha marchado, ábreme...". Este tipo de personajes inspiraron sus películas. Alguna de ellas (concretamente la película filmada en México "El") fue objeto de interés para el famoso psiquiatra Lacan que la mostraba a sus alumnos.

Otro célebre episodio relatado por Buñuel y para ejemplificar el uso ocasionalmente caprichoso de las armas en la América latina de la época es la anécdota real siguiente que reflejaron los periódicos:

"Un hombre espera tranquilamente el autobús y pregunta a otro. "¿Llega a Chapultepec?" "Si"  responde el tro "¿Y para ir a tal sitio?" "Si" responde ¿Y para ir a San Angel?" "Ah no" responde el interrogado. "Bueno - le dice el otro - pues ahí tienes por los tres". Y le mete tres balazos en el cuerpo, dejándolo seco. Comenta Buñuel que es "un acto surrealista puro".

O la siguiente también real:

"Un hombre entra en el número 39 de una calle y pregunta por el señor Sánchez. El portero le responde que no conoce a ningún señor Sánchez, que seguramente éste vive en el número 41. El hombre va al 41 y pregunta por el señor Sánchez. El portero del 41 le responde que , sin duda alguna, Sánchez vive en el 39 y que el portero del primer inmueble se ha equivocado. El hombre vuelve al 39, llama al primer portero y le explica lo que pasa. El portero le ruega que espere un momento, pasa a otra habitación, regresa con un revolver y abate al visitante".

Lo que más asombró a Buñuel fue el titular en el periódico que parecía dar la razón al portero: "Lo mató por preguntón".

En todo caso Buñuel reconoce sentirse muy mexicano en cuanto al uso de las armas de fuego y señala que en México no se daban en la época los tipos de crímenes en masa abyectos y repugnantes que si se daban por psicópatas en Europa.

Algunas frases de Buñuel:

"Soy ateo, gracias a Dios"
"Amo la soledad,  a cambio de que un amigo venga a hablarme de ella de vez en cuando"

El final de su autobiografía escrita en el final de su vida quizá nos resume un poco la peculiaridad de éste gran talento:

"Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de la tumba cada diez años , llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba"


No comments: